viernes, 13 de agosto de 2010

HAMBURGUESAS MULTIUSO

Ingredientes para 4 a 5 porciones

Carne picada, 3/4 kg
Arroz hervido, 1 taza
Cebolla chica, 1
Zanahoria, 1
Huevos, 2
Mostaza, 1 cucharada
Salsa Ketchup, 1 cucharada
Sal, pimienta y comino, a gusto

Procedimiento

Mezclar la carne con el arroz, la cebolla picada y la zanahoria rallada. Incorporar los huevos, la mostaza y la salsa Ketchup.

Condimentar con sal, pimienta y un poquito de comino. Tomar porciones y colocarlas en un pequeño recipiente, aceitado.

Presionar con una cuchara y desmoldar. De esta manera se obtienen todas las hamburguesas del mismo tamaño. Ubicar las que se van a utilizar en una asadera Iigeramente aceitada y cocinarlas en horno caliente.

Servirlas cubiertas con la siguiente salsa: Iicuar el contenido de 1 lata de tomates y mezclar con 1 manzana verde ralIada, 1 cucharada de salsa Ketchup y 3 cucharadas de aceite.

Condimentar con sal y una pizca de azúcar. Cocinar durante 10 minutos. Acompañar con ensaladas crudas o cocidas.

Consejos prácticos

Guardar el resto de las hamburguesas crudas, apiladas y separadas por cuadrados de celofán, dentro de una bolsa de polietileno, en la heladera.

En el momento de utilizarlas, asarlas al horno. Preparar sándwiches con una hamburguesa y una rodajita de queso cuartirolo, dentro de figazas untadas con mostaza y tostadas.

lunes, 9 de agosto de 2010

AUMENTA EL NÚMERO DE ADICTOS AL SOL Y A LOS RAYOS UVA PARA ESTAR SIEMPRE MORENO

Son muchos los riesgos de tomar el sol sin protección. Este tipo de adicción es conocida médicamente como tanorexia. Es un trastorno que afecta más a las mujeres que a los hombres. Querer estar bronceado todo el año acaba siendo muy perjudicial.

Estar moreno a perpetuidad, incluso en invierno, se ha convertido en una obsesión en aumento para muchos, son personas que sufren tanorexia, un síndrome de adicción al sol y a los rayos UVA, con los que buscan un perenne bronceado, que nunca ven suficiente, advierte el investigador Josep González Castro.

Igual que un asiduo al gimnasio con vigorexia no cree que su cuerpo haya alcanzado el grado de musculación adecuado, o aquellos con anorexia que se creen gordos a pesar de que el espejo les refleja delgados en extremo, el adicto al moreno (adictas sobre todo) tiene una imagen totalmente distorsionada de sí, explica González Castro, jefe del Servicio de Dermatología Universitario Dexeus.

Aunque cada vez hay más conocimiento de los riesgos de tomar el sol sin protección y en las horas centrales del día (de las 12.00 a las 17.00 horas), la moda del bronceado está demasiado arraigada en la sociedad occidental y llega a provocar estas patologías.

Seis de cada diez españoles siguen sin conocer cuál es su fototipo y no utilizan la protección solar adecuada
"Muchos siguen asociando el verano a volver muy moreno, pero otros van más allá, quieren estar bronceados siempre y eso lo acaba pagando la piel", remarca este experto. La extensión de este síndrome ha hecho que la Clínica Dexeus de Barcelona esté poniendo en marcha un protocolo para tratar a personas con este hábito compulsivo.

"Son pacientes con una alteración de la percepción en la apreciación de su piel, necesitan más color y eso les lleva a tumbarse el sol o bajo los rayos UVA", afirma el dermatólogo que apunta que en España, y a pesar de la gran afición que hay a tomar el sol, no esté protocolorizado cómo atender esta nueva adicción.

González Castro indica que una vez detectado en estos casos, el psicólogo ha de hacer una valoración para analizar el grado de dependencia, y ver si llega a ser patológico. "Es algo que todavía no está establecido en las consultas de los dermatólogos, pero se tiene que estandarizar y valorar", afirma el médico, para quien los problemas derivados de exponerse al sol ya no sólo suponen una cuestión estética sino también de salud.

Melanomas por diez

Según un estudio de la Academia Española de Dermatología, en los últimos veinte años la cantidad de melanomas se ha multiplicado por diez, lo que no impide que un 31% de los españoles reconozca que sigue tomando el sol en la horas de máximo peligro, sobre todo en los meses de verano.

Además, seis de cada diez españoles siguen sin conocer cuál es su fototipo y no utilizan la protección adecuada, y muchos cuando están morenos, tras quince días en la playa, dejan de ponerse cremas pensando que ya no corren peligro de quemarse.

La gente continúa sometiéndose muchas horas al sol al mediodía, dice un experto en dermatología

"La gente continúa sometiéndose muchas horas al sol al mediodía, pensando que el protector solar lo es todo. El protector es un gran avance, pero se utiliza para exponerse más, se abusa", advierte González Castro, que apunta que tanto las cifras del carcinoma como el melanoma han crecido.

No obstante, apunta, ha mejorado la detección y el diagnóstico, los melanomas se cogen con más rapidez, y de una forma más precoz. Aunque las mujeres son más conscientes de los riesgos del sol que los hombres, y se suelen poner más crema, también se exponen más al sol. Igualmente, explica González Castro, las mujeres tienen más conciencia y se encuentra con algún nuevo lunar van al dermatólogo, "se hacen más chequeos"

lunes, 2 de agosto de 2010

COMER RAPIDO NOS HACE OBESOS

Las personas que comen deprisa y hasta que se sienten llenas multiplican por tres el riesgo de sobrepeso

Comer rápido y terminar saciado en cada comida hace que una persona tenga más probabilidad de sobrepeso e, incluso, de obesidad. En una sociedad en la que los hábitos alimentarios están cambiando, los expertos están de acuerdo en que es necesario fomentar la educación nutricional, sobre todo en los más pequeños, para detener la epidemia de la obesidad. La forma insana que tenemos de comer es un hábito adquirido en la infancia que podría cambiarse, aunque no sea fácil

Los expertos ya sospechaban que comer con voracidad no era un hábito saludable. "Come despacio y mastica cada bocado 20 veces", promulga el dicho popular. Ahora, una investigación realizada en Japón demuestra que esto es cierto. Para el estudio se ha contado con una muestra de 3.287 individuos de entre 30 y 69 años de edad, a los que se interrogó sobre sus hábitos alimentarios haciendo hincapié en la velocidad a la que solían comer (se debía elegir entre muy lento, lento, medio, rápido y muy rápido). También se preguntó si, de forma habitual, comían hasta saciarse y se determinó el peso ajustado por la altura (índice de masa corporal, IMC).

Demasiado rápido
Cerca del 50% de los participantes reconoció comer hasta sentirse lleno, y un 45,6% de los hombres y el 36% de las mujeres afirmaron que comían de forma muy rápida. Los resultados mostraron que tanto los que comían con rapidez como los que lo hacían hasta hartarse multiplicaban por dos la probabilidad de ser obesos, pero que cuando se daban ambas cosas a la vez, el riesgo todavía se incrementaba más. Los individuos que comían rápido y hasta sentirse llenos ingerían un mayor número de calorías, tenían un mayor peso y tres veces más probabilidades de tener sobrepeso en comparación con los que comían pausadamente y sin saciarse.

Estudios previos ya habían demostrado que tomar los alimentos a mucha velocidad y saciarse en cada comida provocaba sobrepeso. Sin embargo, esta investigación ha dado otro paso adelante al comprobar que cuando están presentes a la vez ambos hábitos, el riesgo de sobrepeso se multiplica.

Los mecanismos de la saciedad
Si se come muy rápido, el estómago no tiene tiempo de enviar la señal de saciedad y se ingiere una mayor cantidad

La regulación del apetito es un proceso complejo del que cada vez hay más información. Las anomalías en los sistemas que le indican al cuerpo cuándo hay que dejar de comer parecen ser en parte responsables de algunos casos de obesidad. Cuando comemos, la distensión gástrica es una de las primeras señales de saciedad. Esta señal es transmitida por el sistema nervioso vegetativo hasta el hipotálamo, centro regulador que se encuentra en el cerebro.

Si consumimos muy rápido los alimentos, no damos tiempo al estómago para que envíe la señal de saciedad, por lo que se ingiere una mayor cantidad. El apetito, como la mayoría de los procesos del organismo, también está regulado por hormonas. Además de la insulina, una de las primeras en ser identificada fue la leptina, que se produce en el tejido adiposo y tiene propiedades supresoras del hambre. Más tarde fue la grelina, conocida como la "hormona del hambre" por su función opuesta: aumenta el apetito.

Más hormonas involucradas
La colecistokinina también es una hormona de la saciedad secretada por células duodenales en respuesta a la presencia de alimentos, sobre todo de grasas. Se cree que actúa inhibiendo el vaciado gástrico, lo que contribuye a tener sensación de estar lleno. El péptido intestinal YY (PYY), sintetizado en la porción distal del tracto digestivo y en el sistema nervioso central y periférico, es otra de las hormonas que intervienen para regular lo que comemos.

Más recientemente se ha descubierto la obestatina, que también regula el peso y la ingesta de alimentos, y la oxintomodulina, secretada por unas células de la mucosa del estómago y que actúa suprimiendo el apetito. El sistema nervioso también juega un importante papel en la regulación del apetito. En el hipotálamo, una estructura situada en el cerebro, se encuentra el centro del hambre y de la saciedad. Diversas sustancias de las mencionadas antes actúan sobre estos núcleos.

La sensación de saciedad también parece que, de alguna manera, está genéticamente determinada. Un estudio efectuado por científicos británicos ha puesto de manifiesto que el FTO, un gen que se relaciona con la obesidad, actúa inhibiendo la sensación de saciedad. Investigadores del University College y del King"s College, de Londres, examinaron a 3.337 niños entre los 8 y 11 años para estudiar si los que eran portadores de la variante de alto riesgo del gen tenían el apetito alterado. Los resultados mostraron que el gen sí que actúa sobre el apetito, y que los niños con dos copias de la variante de alto riesgo tenían más dificultad para sentirse saciados después de comer.

ACTUAR SOBRE EL APETITO

Es indudable que los hábitos alimentarios están cambiando. Las sociedades del bienestar tienen a su disposición gran cantidad de comida, muy elaborada y de fácil preparación. Disponemos de poco tiempo y a menudo comemos rápidamente. Cada vez hay menos familias que comen juntas y más niños que lo hacen solos delante del televisor. Cada vez se hace más énfasis en la importancia de los hábitos alimentarios como una de las claves en la epidemia de obesidad, remarcando la importancia de trabajar para fomentar una alimentación saludable en los niños, como comer de forma lenta, mediante raciones adecuadas y en familia.

De la misma manera, la forma en que comemos está siendo una de las áreas clave en la investigación de la obesidad. También se están estudiando tratamientos que incorporen sustancias que favorezcan la sensación de saciedad. En este sentido se dirige una investigación británica, del Imperial College de Londres, para desarrollar un fármaco con una hormona saciante, el polipéptido pancreático. Su objetivo es elaborar un tipo de medicamento que pueda absorberse por la boca para poder introducirlo en un chicle.

Otra opción sería administrarlo a través de un inhalador nasal. Los primeros ensayos han mostrado resultados satisfactorios: dosis moderadas de esta hormona pueden reducir de un 15% a un 20% la cantidad de comida ingerida. Probablemente, el comer rápido es un hábito adquirido en la infancia que podría cambiarse, aunque no sea fácil.

Cómo comer despacio
Algunos pequeños consejos pueden ayudar a evitar comer de forma rápida hasta la saciedad:

1. No saltarse las comidas y hacer un pequeño tentempié a media mañana o a media tarde. Esto evita llegar a la mesa con mucha hambre.
2. Comer despacio y en ambientes tranquilos, sin distracciones, como la televisión.
3. Elegir alimentos que necesiten más tiempo de masticación, como ensaladas y verduras, en lugar de purés.
4. Esperar un poco entre la comida y el postre. En la mayoría de los casos, el postre ya no se toma porque aparece la sensación de saciedad.