LA DURACIÓN IDEAL
Una siesta de verdad provechosa no debe ser demasiado larga: entre 15 y 20 minutos, como máximo media hora, es la duración ideal.
Si el reposo después de la comida se prolonga más, entra en juego un fénomeno llamado
"inercia del sueño", que conlleva una desagradable sensación de aturdimiento: se tiene la impresión de no ser capaz de levantarse y, más que experimentarse bienestar, hai que luchar contra una acentuada e invencible sonmolencia.
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